Senseless

Recordando lo que vivimos. Extrañándote sin mesura.

Cuando cae el silencio sobre la casa dejándote sola con tus pensamientos, las sombras que el cielo anuncia cubren tu rostro tiernamente y toda actividad cesa. Me pregunto si entonces la brisa nocturna lleva consigo mi nombre a tu oído. Y mis manos se alzan en vano en un desesperado intento de alcanzarte. Mi voz te llama, en susurros que se deslizan suaves en el viento y llenan las copas de los árboles,… Se arrojan desesperadamente sobre ti. Caen por tu pelo.

Pero no apareces…

Y estás en cada existencia, tras cada paso. Y no estás. La fresca noche, tan fresca como tu tacto. La profunda noche, tan profunda como tú misma. Como tú, oscurecida. Como tu sombría esencia. Como la tristeza dormida en tus ojos… Algún trueno me traerá tu voz intensa; y alguna eventual tormenta, tus caricias envueltas en cada sutil gota. Recuerdos. Me traerán recuerdos; pero no a la mujer a la que le pertenecen. Nada podría traerla, ni su propio deseo de regresar.

Las noches pasan. Fugaces, esquivas. Los días se esmeran en cobrarse significado, se desperdician en silencio, abrumados por el vacío ruido que los habita… Intentando hallar algo que los renueve, algo que los motive, conocen tantas voces… Tantos nombres. Precipitan sin poder evitarlo, empujadas por la inercia, tantas horas. Continúa la existencia. Las agujas en los relojes avanzan. Todo cambia. Pero todo permanece en esencia, esperando. Esperándote. Sin sentido.

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